Vida y obra de Carlos Torre Repetto

VIDA Y OBRA DE CARLOS  TORRE REPETTO

Principal vida y obra     Una partida lleva su nombre      Patriotismo a toda prueba    Un maestro que aprendía enseñando     La modestia como bandera

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Un maestro que aprendía enseñando


   
Ocupados en el estudio intenso de la teoría del juego y la participación en fuertes torneos, muchos competidores, sobre todo los considerados grandes figuras, descuidan un aspecto que la metodología moderna del entrenamiento considera importante: el arte de aprender enseñando.

   Carlos Torre Repetto no fue uno de ellos. Avanzado jugador y notable pedagogo, el mexicano supo apreciar las ventajas de enseñar a los jugadores más débiles para fortalecer sus conocimientos y aprender cosas que, como simple estudiante, no percibiría un ajedrecista. Y eso independientemente de los grandes beneficios que aporta al desarrollo del juego ciencia la transmisión de conocimientos de los jugadores expertos a los que se inician en el culto de caissa.

   Torre, como Alekhine, tenía la sencillez y humildad para observar durante largo tiempo las maniobras de jugadores inexpertos y pequeños que desarrollaban sus primeras escaramuzas sobre el tablero. Y nunca perdía la oportunidad de corregir defectos de juego y recomendar determinada variante de apertura o alguna complicada posición para que estudiaran los jóvenes.

   Como Alekhine, Torre aprendió también mucho mediante la enseñanza. El gran maestro yucateco recomendaba siempre a los principiantes las variantes más agudas con el objeto que desarrollaran la visión combinatoria en el ataque y a la vez practicaran la defensa, lo mismo preconizan los pedagogos de la actualidad.

   La presencia de Torre era constante en todo lo que oliera a ajedrez, y como proverbial desmenuzaba muchas veces alguna posición complicada explicando pasa a paso los razones de cada maniobra para la juventud y la niñez que estuvieran presentes, En Mérida, la ciudad que lo vio nacer, fueron muchos los afortunados que tuvieron el honor de recibir sus enseñanzas.

   El maestro tenía un método singular para corregir a los jugadores impulsivos, a aquellos más rápidos de mano que de pensamiento y que con tanta frecuencia cometen errores garrafales. Torre sugería a los jugadores que tenían ese defecto se sentaran con las manos debajo de las piernas. De ese modo, cada vez que intentaran mover una pieza tenían que recordar, al ver aprisionadas sus manos, que hay que pensar bien una jugada antes de alzar algún trebejo. No hay estadísticas, pero son muchos los que han reconocido que funciona.

   Otra de las insistentes recomendaciones del genial peninsular era la participación en torneos temáticos, con apertura obligadas, lo cual -remarcaba- obligan al estudio a fondo y con sumo interés de todos los competidores, unos para concretar la presunta ventaja que concedía la posición inicial y otros para buscar probables refutaciones. En Mérida hubo ocasión de comprobar la eficacia de esa sugerencia, pues, bajo la supervisión del propio Carlos Torre, se organizaron torneos temáticos. Desde luego, las variantes escogidas por Torre eran en extremo complicadas. El temático que más se recuerda en Mérida fue uno de doble sacrificio:

El
Gambito Rice derivado del Gambito de Rey, que es como sigue: 1.e4 e5   2.f4 ef   3.Cf3 g5   4.h4 g4   5.Ce3 Cf3   6.Ac4 d5   7.ed Ad6   8.0-0 Ae5.

   Una ventaja adicional de esos eventos es que varias de las partidas jugadas resultan de interés para la teoría y como materia de estudio para los propios protagonistas y otros jugadores, sin que tengan nada que ver con ello el resultado.

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